Me sigue fascinando la capacidad de almacenaje de arena que tienen las zapatillas deportivas de mis hijos. Da igual la marca o el modelo, cada día tengo que descargar un buen puñado de arena de sus bambas y obviamente dos preguntas me asaltan jornada tras jornada.
La primera es cómo es posible que puedan andar cómodamente con tanta arena en los piés, que no se quejen y que no se la quiten ellos mismos.
La segunda, más acuciante, tiene que ver con los cálculos teóricos que he hecho sobre la cantidad de arena que todos los niños del colegio pueden llevarse a casa cada día y sobre cual es el mecanismo para su reposición. Teniendo en cuenta que una media de 100 niños juegan en el patio de arena cada día, con que cada uno se lleve a casa 10 gramos en cada pie, eso hace un total de 2 kgs de arena al día, o lo que es lo mismo, unos 350 kgs de arena al año.
En todo caso, me he querido quedar con una pequeña muestra de los 7 kilos de arena que habrán traído este año a casa (3’5 Kg x 2) y la he aplicado sobre un pequeño manto de cola blanca.
Es especialmente interesante observar que no solo se trata de arena fina tipo «playa» sino también hay pequeñas piedras de las que cuando nos entra una siendo mayores tenemos que eliminarla a toda velocidad para que no nos perfore el pie. Parece que los niños son bastante inmunes a esto.










